lunes, 29 de febrero de 2016

Cuando la originalidad en el cine está a un paso de lo cutre

Como es costumbre y aunque lleguemos a ser cansinos, en este blog tenemos toda la intención de escribir por impulsos. Sí, ha habido cosas más importantes en la cultura que el tema que voy a tratar hoy (Premios Goya, los Oscar, la Mercedes Fashion Week, Arco y demás), pero no somos de seguir la corriente, ni tampoco de ir en su contra, sino de buscar nuestro propio camino. Pues bien, hace poco me he topado con una película muy desconcertante que me ha suscitado una intensa tormenta metal, no así por su argumento, más bien por lo que no dice. Os advierto que no es una crítica sobre dicha cinta, que va, sino una reflexión sobre la originalidad, pero voy a entrar en materia sin más rodeos.

Hablaré sobre Lo que hacemos en las sombras. Si pincháis en su ficha veréis que está catalogada como comedia y terror o comedia de terror, este es el punto que me hizo saltar la neurona. Algunos se preguntarán por qué veo cosas tan raras, y la verdad es que llevan razón, pero la vi recomendada en Blog de Cine y como era, según dicha página, un muy ingenioso falso documental que daba un refrescante giro al mito vampírico, decidí verla. No sabía ni que era neozelandesa, ni que era una comedia (aún lo dudo), solo que trataba sobre chupasangres. Pues bien, no puedo decir que no me gustó, pero me dejó con una sensación de ver algo mal hecho. Si era algo serio hecho sobre vampiros, como Entrevista con el Vampiro o Drácula, nos les había salido, por el contrario si era una comedia, al estilo Sombras Tenebrosas, tampoco. Es muy original, eso no tiene discusión, y recomendable por distinta, si te la tomas a chufla. Yo no sé si es que el cine de las antípodas está muy alejado de lo que tengo programado en memoria o porqué será, pero me recordó películas míticas, por estúpidas, como Sharknado.

lunes, 1 de febrero de 2016

Inkordia Wines: Vinos guerreros, que no peleones

Este blog tiene por bandera hablar de aquellas expresiones culturales que nos llegan a lo más hondo, que nos dan un vuelco al corazón, la mente o los sentidos, y por ello nos impulsan a escribir una entrada. Estos tres vuelcos, que para sí los quisiera el mejor cocido, los ha conseguido la gente y los vinos de Inkordia Wines, un grupo de 14 bodegas que defienden el valor de sus terruños, elaboraciones mimadas que muestren la identidad de su zona, producciones pequeñas y un trabajo natural sin caer en esoterismos, salvo los propios de la locura de cada uno.

¿Quiénes son? Ignios orígenes, Pagos de Nona, Viñedos Kulturales, RuBoR Viticultores, La Senda, Vinos de Patio, Cangas Wines, Esencia Rural, Ton Rimbau, Federico Schatz, Sexto Elemento, Entre os Ríos, Pita Cega y Uva de Vida. Los conocí en Enofusión, ese cachito que Madrid Fusión reserva al mundo del vino. Como en todas las ferias hay mucho que ver y poco tiempo para hacerlo, es difícil encontrar diamantes, por lo cual agradezco el espacio y los llamativos globos rosas con que esta gente decidió llamar la atención, mostrando sus vinos sobre unas sencillas barricas. Fucsia también es su logo, con el que habían hecho camisetas que la mayoría llevaba. Sonaba un poco a chufla o a beneficencia de algún tipo, pero beneficio es el que nos llevamos todos aquellos que no los conocíamos y nos echamos sus vinos entre pecho y espalda.